La luz del sol entraba por la ventana, mientras él permanecía inmóvil frente al espejo del baño. Sus manos estaban apoyadas en el lavabo y el peso de su cuerpo se posaba sobre ellas haciendo que su espalda se curvara hacia delante. Con cada segundo que pasaba la línea del sol se movía hasta llenar con su cálida luz la pequeña habitación.
El reflejo del sol dio de pleno en su cara y sus ojos pardos se iluminaron sacándolo de su letargo. Su boca se abrió y las palabras susurrantes comenzaron a fluir intermitentes y casi ahogadas tras sus labios resecos. Era su acostumbrado tartamudeo y esa timidez que hacían que su voz se escuchara como un soplido de viento.

—He intentado explicarme lo que sucede —dijo con su mirada fija en el espejo— Las sombras del pasado han vuelto para atormentarme y necesito ayuda para comprender lo que está pasando. ¿Qué piensas de todo esto?
Sus manos se tensaron y los músculos de sus brazos se contornearon mientras sus dedos se enrollaban hasta quedar escondidos en un puño amenazante.

—Tú sabes que el silencio en el que te ocultas está matándome. Me siento como un títere del destino, solitario y sin esperanzas, oculto tras esta sonrisa falsa y corrupta.

Su mirada se perdió en el infinito de sus ojos, mientras bajaba la vista hacia el grifo. Sus manos soltaron la tensión contenida y se dispusieron a acumular el agua que ya estaba corriendo por el lavabo. Una vez llenas se mojó la cara y el agua comenzó a caer por su cuello hasta empapar su sudadera gris. Luego mojó su cabeza y el calor que corría por las hinchadas venas, poco a poco comenzó a disiparse. Una voz profunda y firme hizo eco en la habitación, mientras sus ojos reflejaron un verde intenso en el espejo.

—Estoy escuchándote amigo mío, nunca me he apartado de tu lado. Recuerda que yo domino tus miedos y sé lo que sientes en este momento. Yo controlo tus temores y retengo tus lágrimas. Nunca he intentado herirte aunque sé que a veces lo hice; pero tú no puedes decir lo mismo, maldito arrogante.

Una sonrisa malévola se esbozó en su cara, aunque la curva de sus labios no alcanzó a mostrar sus dientes. Apoyó sus manos a los costados del lavabo otra vez dejando tensos sus codos que soportaban el peso de su cuerpo.
—Me has tratado de una manera egoísta y apática. Cuando mejor estabas dejaste de buscarme, dejaste de hablarme e hiciste un vacío en tu mente para que yo no pudiera guiarte más. Yo no merecía ese trato de tu parte; pero veo que al fin has recapacitado y lograste entender que no puedes vivir sin mí, gusano perdedor.

Sus ojos pardos se llenaron de temor y sus manos volvieron a empuñarse, mientras su voz temblaba nuevamente.
— ¡No!… Solo vine a pedirte un consejo, no vine para que te quedaras. ¡Ahora dime lo que piensas y luego vete!
—Ya es muy tarde amigo mío, ya me has invitado a venir. ¿Qué crees? Que puedes llamarme cuando se te antoja y luego desecharme como rata vagabunda. Ahora yo tomaré el control, yo dictaré las reglas una vez más. Era imposible que llegaras hasta aquí sin sufrir; ahora todo volverá a ser como antes. Prepárate porque es tiempo de encontrarnos una vez más.
— ¡Te equivocas!… Yo no te necesito, soy capaz de resistir todo lo que está pasando. Ahora soy más fuerte que antes y si supero este momento de debilidad, seré libre de tu control. Continuaré con mi vida y tú serás sólo un mal recuerdo.
—Eres patético ¿No ves lo solitaria y vacía que es tu vida? Yo soy y seré el único amigo que te soporte, aunque me hayas escondido todos estos años. Yo me he tragado tus lloriqueos, todos tus fracasos, todas tus frustraciones y tus amarguras. Es tiempo que lo entiendas de una vez.
Su cabeza se levantó despegando las manos del lavabo y apoyando las palmas en el espejo. La luz del sol iluminó sus ojos verdes mientras acercaba su cara a su reflejo.
—Soy tu fuerza interior y el único que te sostiene. Soy el que marca el camino de tu vida, es mejor que creas mis palabras…
—Por qué debería creerte, solo apareces cuando te conviene, te alimentas de mis miedos y de mi sufrimiento. Nunca me has dejado expresar lo que en verdad siento y solo dejas ese sentimiento de angustia en mi interior…
—No me culpes por tu falta de voluntad, eres un títere de la gente que te trata como quiere. ¿Qué deseas expresar? Si no tienes voz para imponer tus ideas estúpidas e infantiles. Las pocas veces que te animaste a hablar en público sólo hiciste el ridículo. Pobre perdedor, la gente se ríe de ti en tu cara y quieres que sigan pisoteándote mientras les enseñas esa patética sonrisa. Ya es tiempo que uno de los dos se vaya, ya no podemos permanecer los dos aquí.
Estirando sus manos temblorosas de impotencia, volvió a mojarse la cara y sus ojos se llenaron de una ira contenida.
—Lo he pensado por mucho tiempo y creo que tienes razón, el momento de separarnos ha llegado. Es la hora de tomar el control y de sacar tu voz fuera de mí. Yo conozco tus miedos, conozco tus faltas y ahora seré tu juez. Tú eres culpable y es mi oportunidad de tomar el dominio de mi ser. ¡Solo déjame! ya no seré tu esclavo, acepta la verdad y sal fuera de mí.
—Te sentirás frío y solitario. Sentirás esa profunda amargura que te hace llorar como niña y cuando las lágrimas caigan ¿Quién te levantará? ¿Quién será tu guía cuando te sientas perdido y ahogado? Debes darte cuenta que no eres tan fuerte como crees y que tu mundo perfecto se desmorona. Tu futuro prometedor se cae en pedazos, perfecto iluso.
—No sé qué decir, solo necesito comprender por qué sigo escuchando tu voz dentro de mí, cuando te ordené que te fueras.

—¿Me lo estabas ordenando? Perdón por no darme cuenta, es que entre tanto lloriqueo solo escuché como tartamudeabas… Reconozco que me he equivocado, sé muy bien cuáles son mis fallas, por eso si quieres que me vaya, me tendrás que ayudar a salir. Las sombras del pasado están de vuelta y necesito escapar de esta oscuridad, ayúdame y esta vez te prometo que no regresaré.
—Eso dijiste el día que ella murió y nunca debí confiar en ti ¡Tú la mataste! Por eso la culpa te está consumiendo, por eso quieres escapar de tus acciones. Ya no soportas el peso de tus errores y buscas una salida fácil para no cargar con esa culpa.
—Tú sabes bien que no fui yo quien la mató, sabes bien que solo cubrí tus huellas, que escondí tus lágrimas, y si algo de culpa hay en mí, fue ser tu testigo y tu cómplice en todo eso. Eras tú el que estaba cansado de sus arrebatos y sus mentiras…
—No cargaré con tus errores, el viaje de mis preguntas ha terminado y la verdad que has escondido por años ha salido a la luz; se vuelve real y ya encontré las respuestas que estaba buscando.
—La verdad no entendí nada de lo que dijiste ¿Qué clase de discurso barato intentas darme? ¿Estás seguro que has encontrado todas las respuestas? En tus sueños ese viaje confuso tiene otro final. Pero en lo más profundo de ti sabes que fuiste tú quien tomó ese cuchillo y lo clavó en su corazón. Y cuando viste tus manos llenas de sangre, sin saber qué hacer, me llamaste, buscaste mi ayuda incondicional. Lo único que hice fue darte refugio y levantarte en ese momento tan difícil para ti. ¿Ahora buscas un culpable? Pues mírate al espejo y te mostraré al culpable.
Él golpeó el espejo con todas sus fuerzas mientras observaba como la malévola sonrisa aparecía frente a sus ojos pardos.
— ¡No!… ¡Déjame… vete! No coloques recuerdos que no son míos en mi mente, toma tus recuerdos y llévatelos…, ¡desaparece!
—Es tiempo de ver la verdad querido amigo, es el momento de que me vaya; sólo déjame salir, déjame llevarme este dolor que llevo dentro. He peleado tantos años por ti desde la oscuridad, apartando tus miedos incluso cuando has estado al borde de la desesperación. Me has encerrado en la esquina más oscura de nuestra mente, mirando por sobre tu hombro. Ahora sé que no puedo confiar en ti, que estás tan perdido en tus recuerdos que no quieres ver tu insana forma de vivir. Créeme, la verdad dolerá al principio pero después te acostumbrarás a ella.
—No intentes convencerme de tus culpas, tus mentiras no me harán cambiar de opinión. Eras tú en esa habitación oscura, eras tú el que cavaba la fosa profunda, eras tú el que enterró el cuerpo frágil de mi esposa. La sangre corría por tus manos; mientras tu corazón sin piedad no derramó una lágrima y luego regresaste a la casa para sentarte frente a la ventana a ver como amanecía.
—Sabía que dirías esas cosas, sabía que recurrirías a tus falsos recuerdos para justificarte, pero ahora sabrás la verdad. Solo recuerdas lo que quieres mantener en nuestra mente; ahora cierra los ojos por un instante para que veas lo que en verdad sucedió ese día. Entra a este rincón donde has escondido esos detalles, acércate al rincón donde has ocultado la realidad. Entra…
— ¡No!… ¡Deja mi mente, por favor vete lejos! ¡Vete de una vez!
Con las manos empuñadas volvió a golpear el espejo con todas sus fuerzas, esta vez la ira contenida se convirtió en un golpe desesperado que rompió el espejo en mil pedazos. Los fragmentos cayeron por toda la habitación y sus manos ensangrentadas tiñeron el lavabo de rojo.
—Entra…
¡No!…
— ¡Entra de una vez…!
Sus manos mancharon su cara con sangre mientras su espalda se encorvaba y sus piernas se doblaron dejándolo en cuclillas. Cerró los ojos por un instante y la oscuridad lo envolvió.
— ¡No!… ¡No!… ¡No!… ¿Por qué la oscuridad me rodea? ¿Por qué escucho el latido de mi corazón? No puede ser que me hayas engañado nuevamente. Me hiciste confiar en ti y sembraste las dudas en mis recuerdos ¡Escúchame!… déjame salir otra vez…, no cometas el error de dejarme aquí, es mi cuerpo… es mi mente…
El brillo del sol en los trozos de cristal roto, encandiló por un momento sus ojos verdes y una sonrisa amplia se esbozó en su cara teñida de rojo.

—Te lo dije amigo mío, es mi tiempo de tomar el control…