Las horas de trabajo no están establecidas.

obsesion2

Obsesión 2: Mientras me miras

(Secuela de la historia “Obsesión”)

No podía dejar de pensar en ti al despertar esta mañana y sin darme cuenta, me quedé dormida otra vez tras apagar el despertador. Los minutos de atraso me han hecho correr para comenzar mi turno, pero aun así no recuperé el tiempo perdido. Cada día es un alivio salir de mi casa y llegar a trabajar sabiendo que te veré al comenzar la mañana. Es como vivir en un mundo diferente cada vez que te veo, como detener el tiempo frente a mis ojos y que la vida pase en cámara lenta.

Sólo espero que no te hayas ido, ya faltan pocas estaciones para llegar a ti; si pudiera hacer volar este tren para llegar más rápido a tu estación lo haría, pero soy esclava de la velocidad y del tiempo.

Otra estación más para detenerse y observo a la gente salir y entrar de los vagones, mientras mi corazón sólo quiere cerrar las puertas y partir pronto a tu encuentro. Espero que no pienses que me he tomado el día libre, ya deberías saber bien que sólo los lunes y viernes me gusta escapar de tanta gente. Ni hablar de cambiar mi turno, mientras más temprano comience mi día, más temprano regreso a casa.

Aunque debo asumir que la primera vez que me seguiste a mi casa, tenía un miedo enorme de que fueras un maniático asesino tras de mí. Pero luego me acostumbré a esas locuras y hasta puedo decir que extraño tu presencia cuando no lo haces.

Desde el primer día que trabajo aquí las miradas de las personas me seguían, era la primera mujer en conducir ese tren; la verdad me costó mucho esfuerzo ganar esa responsabilidad. Pero tu mirada era diferente, no sé si habré disimulado bien mi sorpresa frente a ti; tus ojos, tu cara, todo de ti me cautivó.

Al pasar los días y verte en el mismo lugar, a la misma hora, como si esperaras que yo llegara para subir, se fue llenando mi corazón de una extraña sensación. Como una droga diaria, comencé a necesitarte y aunque muchas veces tuve que aparentar que no te veía, sé que estabas ahí buscando cruzar nuestras miradas.

Las estaciones avanzan y sólo pienso en ti, en ver tus ojos cristalinos y tu tímida mirada. Observo por la ventana mientras las caras de mucha gente pasan por mi retina; pero sólo quiero encontrar la tuya. Abro las puertas para que la gente salga y entre de esta locura de fierros. Mi corazón se acelera sabiendo que en la próxima estación podría verte. La alarma suena y cierro las puertas para entrar en el último túnel que me separa de ti.

La cuenta regresiva comienza, los metros que quedan son los más intensos. Sé que es tarde, pero no pierdo la esperanza de que aún estés ahí; la luz de la siguiente estación ya se ve cerca, las personas a un costado del andén se divisan desde lejos y comienzo a bajar la velocidad para salir del túnel.

El tren se detiene, mientras mis ojos no paran de buscarte entre la multitud; la adrenalina fluye por mis venas y los rostros desconocidos se desvanecen hasta poder encontrar el tuyo. Ya casi me he detenido y a lo lejos veo tu cara levantarse entre la multitud. Mi aliento retenido vuelve a mí, mis palpitaciones son mucho más fuertes, es una sensación difícil de explicar. Sabía que estarías aquí aunque los minutos de retraso me hicieron pensar por un momento que hoy no te vería.

Disimulas muy bien tu alivio al verme llegar, aunque sé que haber esperado tanto tiempo debió ser una eternidad para ti. El tren se detiene por completo y abro las puertas para que esa multitud siga su destino. También abro mi puerta para asomarme a la orilla y aunque no es obligación ya que por los espejos se ve sin problemas cuando ya es tiempo de cerrar, pero esta estación es especial para mí.

Mantengo la mirada fija hasta el final del andén, siempre intentando no observarte, pero algo me hace bajar mis ojos y verte en el preciso momento que entras al vagón. Ese cruce de miradas me ha hecho adicta a ti, ya no puedo luchar contra estas sensaciones.

Es un instante único, tus ojos atraviesan mi corazón, es como una corriente que me acelera, que podría llevarme a correr a ti y abrazarte. Verte cada día es una energía que me llena a diario, no sé qué pasaría si una mañana no te encuentro entre la multitud o si decidieras entrar en otro vagón que no fuera cerca de mí.

Entras en mi cuerpo y recorres mis venas como una droga, enciendes mis ganas de vivir cada momento, llenas mi corazón con tu presencia y te mantengo en mi mente todo el día.

La gente ha terminado de subir y cierro las puertas otra vez para proseguir nuestro viaje. Quizás no te has dado cuenta, pero desde que descubrí que te acomodas tras la ventanilla que da a mi carro, instalé un espejo para verte mientras me miras. Aunque no puedo distinguir tus rasgos porque la luz te ilumina desde la espalda, sé que tus ojos no se despegan de mí. Al principio pensé que era una coincidencia pero muchas veces te he probado atrasando el comienzo de mi turno, sólo para verificar que sólo entrabas en mi tren.

Es extraño sentirme protegida y acosada al mismo tiempo, pero tu compañía hace el recorrido algo más interesante. El ruido de las vías se vuelve música en mis oídos y la rutinaria entrada y salida de los túneles es como un día de campo junto a ti. Son los momentos más esperados de mi día y me gustaría hacerlos eternos.

Sólo una vez he faltado a trabajar, ese día fue como una tortura; por lo general no me enfermo, pero esa mañana desperté con tanta fiebre que no podía salir en ese estado. Ahí descubrí cuán importante te habías vuelto en mi vida, lo fuerte que este sentimiento se tornó en mi interior; ya no podía pensar en otra persona que no fueras tú.

Por un instante pensé que era una locura, hasta que me enteré que ese día alguien preguntó por la muchacha que maneja el tren. Sólo tú harías algo semejante, sólo tú te atreverías a preguntarle a todo el mundo averiguando de mí, pero no te acercarías a hablarme directamente. Yo creo que es eso lo que me ha cautivado, saber que me invades en silencio, pero que no me ahogas con tu presencia, que no me canso de verte cada día observándome tras el cristal.

No sé por qué no te acercas, por qué no me hablas, lo he deseado tantas veces, incluso he pensado en ser yo quien tome la iniciativa y saludarte. Pero luego pienso que quizás se rompería esta magia de la que soy esclava y permanezco en silencio esperando tus palabras. Esa barrera te mantiene a un paso de mi corazón, aunque se mezclan las ansias y el miedo de que eso suceda. No sabría qué hacer, no sé cómo reaccionaría si algún día rompieras el silencio.

Muchas veces lo he soñado, pero al igual que hoy, a veces esos dulces momentos se vuelven una pesadilla. Me despierto de madrugada en medio de mi desesperación, sabiendo que mis manos te llevan cada día a tu destino y que cualquier distracción puede ser una tragedia para los dos. Pero en mis sueños eres el héroe que me salva la vida y me rescata del desastre para besarme al final con pasión y locura.

Las paradas y los minutos van pasando y las últimas estaciones de nuestro viaje ya se acercan. Me gustaría detener el tiempo y permanecer viajando junto a ti por la eternidad; pero una hora cerca de ti es mejor que nada. Rompes mi rutina cada día y le das sentido a mis viajes, aunque a lo lejos ya se divisan las luces de nuestra última estación.

¿Qué harás hoy? ¿Cambiarás de andén para volver a subir del otro lado? ¿O es demasiado tarde para continuar este viaje junto a mí?

Te observo por el espejo mientras recorremos los últimos metros de las vías, mi corazón desacelera las revoluciones sabiendo que ya termina un nuevo viaje contigo. Tomo el micrófono para anunciar la estación terminal, aunque no encuentro justo que tú conozcas mi voz y yo ni siquiera te haya escuchado una vez. Para muchos, su día de trabajo recién comienza, pero para mí el día termina al traerte a tu destino.

Entramos al andén y reduzco la velocidad hasta detenernos por completo, abro las puertas para que descienda la multitud, mientras observo a través del espejo los últimos gestos de tu cara. Sé que no te moverás hasta que abra mi puerta y me asome a la orilla para observar a la gente bajar; así que no demoro más ese momento. Abro la puerta y me coloco en mi lugar habitual de observación.

La agonía me invade, un vacío enorme llega a mi corazón esperando ver tus ojos una vez más. Quizás hoy es el día, tal vez hoy rompas la barrera del silencio, no en vano esperaste largas horas para que este encuentro se realizara. Si tan sólo por una vez abrieras tu boca para decirme buenos días, al menos sería un paso más para nosotros.

La gente sigue bajando mientras mis ojos no enfocan a nadie que no seas tú. Hasta que veo tu rostro aproximarse a la salida, tu mano al teléfono como cada día; ya no sé si es verdad o sólo lo haces para disimular tus nervios. La verdad es que nunca he visto tus labios moverse mientras atiendes esa supuesta llamada.

Mis ojos encuentran los tuyos y la vida vuelve a mi cuerpo, la angustia de los últimos segundos se va en ese instante mágico que me rodea. Ya ha pasado casi un año desde la primera vez y cada día se siente tan intenso ese momento, que aunque te acercaras no sabría qué contestarte. Mi corazón se acelera e intento desviar mi mirada para disimular lo mucho que esperaba este instante.

Las últimas personas descienden de los vagones y la multitud se acerca a las escaleras. Tus pasos se alejan de mí y el silencio de esta fantasía sigue presente, sé que es más fácil callar que enfrentar el desafío, pero espero que algún día te des cuenta que no te rechazaría.

Me mantengo unos instantes más al costado de la puerta, esperando hasta el momento exacto en que giras tu cabeza hacia mí. Esa última mirada que llena mi día, que le da sentido a estas horas de trabajo y me dan esperanzas de un nuevo viaje junto a ti. Esos instantes que quedan en mi recuerdo hasta verte otra vez, hasta llevar este tren a tu estación y recogerte donde me esperas con impaciencia. El único temor que permanece cada día, es no verte nunca más, no recorrer contigo la ciudad. Pero ese miedo se disipa al encontrar tu rostro en la multitud, al salir del oscuro túnel y ver tus ojos iluminar mi vida.